jueves, octubre 19, 2006

Último mensaje para Rosa Carballo
Asistentes al funeral por la profesora avilesina, ayer, en San Nicolás de Bari. Amigos y familiares despidieron ayer entre grandes muestras de dolor a la joven docente avilesina que falleció mientras daba clase en Llanes.

«Rosa, acabo de escuchar por la radio que se murió una profesora en un instituto. Espero que no hayas sido tú. Besos». Éste es el último mensaje que recibió el móvil de Rosa Carballo Canseco, según sus familiares. Ella ya no pudo leerlo. Rosa Carballo falleció mientras daba clase en el Instituto de Llanes, mientras ejercía la profesión para la que estuvo preparándose durante tanto tiempo. Su familia y sus amigos no podían contener ayer el dolor, desgarrado en muchos casos, al tener que decir el último adiós a una persona muy querida que estaba remontando el vuelo después de una época difícil en su vida. Las muestras de afecto fueron continuas y multitudinarias, tanto en el tanatorio avilesino como en la iglesia de San Nicolás de Bari, donde se celebró el funeral por el eterno descanso de la joven.

El recuerdo de Rosa Carballo que se quedará imborrable en la mente de los que la querían es el de una chica sensible, tímida, estudiosa, trabajadora; muy trabajadora. Rosa nació el 25 de mayo de 1973 en Avilés, y creció arropada por una familia numerosa y unida. Estudió primero en el Colegio Enrique Alonso y más tarde en el Instituto Carreño Miranda, siempre con muy buenas notas. Fue en esa época cuando empezó a salir con el que sería su marido. Después estudió Filología Hispánica en Oviedo, hizo el doctorado y empezó a preparar las oposiciones mientras daba sus primeras clases en academias.

Sus familiares recuerdan con tristeza la crisis que afrontó la joven cuando, tres años después de casada, tuvo que divorciarse. Pero lloran todavía más al pensar que ahora era otra vez feliz, junto a su nueva pareja, un viudo de corazón que ayer estaba tan destrozado como los padres de Rosa Carballo Canseco. Había rehecho su vida y no le dio tiempo a disfrutarla. La profesora estaba haciendo una sustitución en el Instituto de Llanes, donde sólo llevaba dos semanas. La noche antes de morir se sintió mal. Eran las cuatro de la mañana. Y pensó que era la gripe. Al día siguiente fue, como cada mañana, a clase. Se desvaneció en el pupitre. Nada pudieron hacer los alumnos, que se movilizaron inmediatamente en busca de ayuda, impotentes ante el derrame cerebral que se supone que padeció la docente. Por eso Rosa Carballo no pudo leer ya el mensaje de móvil. Su vida se marchitó mientras ejercía su pasión, la docencia. A los suyos les queda el consuelo de que no sufrió nada.

Extraído de la Nueva España.

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